EL LÍDER DE QUEEN NO TIENE UNA TUMBA O UNA LÁPIDA DONDE SUS MILLONES DE ADMIRADORES PUEDAN ACUDIR PARA PRESENTARLE SUS RESPETOS.

Fallecido el 24 de noviembre de 1991 a los 45 años, Freddie Mercury es uno de los iconos imprescindibles de la historia del rock en particular y del siglo XX en general. Por eso todo lo que rodea a su figura levanta un inusitado interés, más aún después del reciente estreno del biopic Bohemian Rhapsody, que ha vuelto a ponerle de suma actualidad.

Uno de los grandes misterios en torno al que fuera vocalista de Queen tiene que ver con el lugar donde se esparcieron sus cenizas tras su muerte. Porque Freddie (nacido como Farrokh Bulsara en Zanzíbar en 1946) no tiene una tumba o una lápida donde sus millones de admiradores puedan acudir para presentarle sus respetos.

El misterio en realidad parece no ser tal, pues todo parece indicar que las cenizas se esparcieron en el lago Ginebra, muy cerca de la casa que el músico tenía en aquella zona, a unos kilómetros de Montreaux (Suiza). Un lugar al que tanto él como los otros miembros de Queen acudían en busca de paz y desconexión, así como para trabajar en su música.

Allá por 2010, el asistente personal de Freddie MercuryPeter Freestone, aseguró que las cenizas se lanzaron al lago Ginebra, pero tampoco es algo que esté oficialmente confirmado al cien por cien. Esta versión se contradice con la de algunos familiares del cantante, que afirmaban que éste está enterrado en Zanzíbar.

También se dice que reposan a los pies del enorme roble que corona el jardín de su residencia Garden Lodge (Londres), e incluso hay quien sostiene que se repartieron entre varios teatros londinenses. Sin embargo, ninguna de estas afirmaciones ha podido confirmarse hasta ahora.

Por su parte, la biógrafa del músico, Lesley-Ann Jones, ha dicho esta semana a Billboardque el deseo de Mercury era que sus cenizas se esparcieran precisamente en el lago Ginebra.

La escritora recuerda concretamente un encuentro con el artista en 1986 y cómo estando ambos sentados por la noche en uno de los bancos del Lago Ginebra, él compartió con ella una reflexión: “Sencillamente láncenme al lago cuando me vaya”.

Así las cosas, si el entorno más íntimo de Freddie Mercury quiso cumplir su última voluntad, cabe creer que sus cenizas fueron lanzadas y esparcidas en ese Lago Ginebra que tanto sosiego otorgaba a la rutilante estrella del rock.

Esto, además, tiene todo el sentido pues en ese mismo lugar está la famosa estatua a la que los fans se acercan para recordar al músico. De cuya muerte se cumplen este 24 de noviembre ya 27 años.